Presentación de Ángel Guinda de “Demolición…” en Madrid

“Cogido de vuestro brazo, mejor: acogido por vuestro abrazo, comenzaré y terminaré este entrañable paseo de lujo hacia el alma de mi amigo y gran poeta Angel Petisme leyendo dos de los muchos textos de su libro Demolición del Arco Iris que me han atravesado.

Después de la lluvia (p. 56)

Soy una ciudad con un solo hombre.
Una mujer con muchos hombres en su vientre.

Angel me ha parecido siempre un poeta claro, directo. Ahora más.
Un poeta puro que ha escrito siempre poesía impura, con tachones incluso, como la vida misma  -emborronada por la muerte.
Uno de sus afanes estéticos es cómplice de esa tendencia artística llamada feísmo: Angel pretende embellecer la fealdad del mundo.

Angel es un poeta original, consciente de que la originalidad consiste en el reconocimiento de los propios orígenes.
En Demolición del Arco Iris aparecen Goya, Gracián, Servet, Marcial, Ibn Gabirol, Avempace o Sender y sus monólogos dialogando.
Anotamos constantes alusiones aragonesas como “las Mil y una Noches de Aragón y su desasosiego” y expresiones vernáculas como “modorras seculares” o “no me vengas jodiendo la marrana“.

Angel es un poeta que utiliza el talento, la imaginación y el artificio poético de manera visceral, sin florituras.
Quiere que nos comamos las palabras crudas (las palabras eternas y aquellas otras recién salidas del horno), sin hervir, sin freír, sin condimentar, sin masticar, para acostumbrarnos a que la vida no se nos indigeste, porque la vida hemos de vivirla en crudo, porque la vida es cruel, además de hermosa, además de irrepetible.

Angel ha tenido la delicadeza de hacer que la solidaridad sea una de sus obsesiones crónicas.
Angel ha sido siempre un poeta comprometido. Ahora más.
Un militante de la verdad a voz armada que practica, poéticamente, la guerrilla social, cultural y política con la misma fiereza que mi admirado Fernando Beltrán, poeta entrometido.

Angel es un poeta postmoderno, es decir, no idolatra la transcendencia, es decir, hace transcendente la banalidad.
Seguro que para él (como para la artista plástica Catalina Parra, hija de Nicanor Parra) Estados Unidos sigue siendo un país donde la libertad es una estatua.
Y seguro que para él, la gloria terrenal, tan pequeñica y efímera, es también esa estatua en la que acaban cagándose las palomas.
Una observación: la postmodernidad pasará, pero la poesía de Angel no pasará.

Cuando me pongo a recordar libros de Angel como Amor y cartografía, El cielo de Bagdad o Insomnio de Ramalah,
me reafirmo en la idea de que su obra tiene una atmósfera de álbum de viajes, de cuaderno de bitácora.
Demolición del Arco Iris, más.

Pero no se trata de viajes turísticos, no, sino de viajes fértiles para el compromiso, exploraciones al tuétano del dolor, al ámbito de la desgracia, fieles a esa eterna condición de homo viator que marca al ser humano desde que nace hasta que muere.

Después de la tormenta sale el arco iris.
Pero si es demolido el arco iris, el tormento de vivir se enquista en nuestros mundos personales como una alarma, como un S.O.S.
desesperado que nos reclama, nos llama, nos reúne en llamaradas de acción para luchar contra la adversidad, contra la injusticia, contra el hambre, la violencia, las agresiones a los pueblos, a cada mujer y a cada hombre: a todos aquellos para quienes la existencia es, día a día, una resistencia.

En Demolición del Arco Iris, Angel afronta el reto de poetizar mediante la técnica verbal de tomas cinematográficas.
Así, su nuevo libro es una película de amor y de terror, un documental de lo que sucede en nuestro interior cuando contemplamos lo que sucede fuera de nosotros.
Transforma la atroz realidad en amable ficción utilizando el humor y la ironía desdramatizadora como variantes del amor a la humanidad.
Perpetúa en nuestra memoria histérica la inmediatez de los acontecimientos.

Este libro es un catálogo de casos humanos, de lugares y mundos de cada lugar.
Este libro es una ecografía de la grandeza y miserabilidad de la condición humana. Este libro es también un libro de ángeles.
Aquí se reúnen el Angel profético, el Angel desescombrador de las catástrofes, el Angel armonizador del caos, el Angel apocalíptico, el Angel cronista, el Angel acusador, el Angel resistente, el Angel seductor, el Angel surrealista, el Angel demoledor, el Angel fálico, el Angel redentor, el Angel crucificado.

Y para terminar diré que Angel, Petisme, es un poeta mago.
Un poeta capaz de ampliar, como César Vallejo, las funciones de la poesía: gnómica, expresiva, simbólica, estética, gnósica y catártica.
Me refiero a esa función capaz de trastocar el tiempo, anticipándolo, incluso borrándolo.
Gracias a esa magia, Petisme, Angel, es, ahora mismo, un resucitado entre nosotros.
Lo demostraré leyendo el primer poema que conviví, al azar, de este extraordinario libro que es Demolición de Arco Iris. Se trata de su propia “Necrológica” (p. 41).”

Ángel GUINDA

Carta de Antonio Orihuela sobre “Demolición…”

“Mi querido Ángel:

Gracias por esta “Demolición del Arco Iris”, gracias por este hueco que también has hecho de mundo en mi corazón. No sé qué te estarán diciendo de este poemario pero, personalmente, me parece de lo mejor que has escrito. Tiene el tono pero también la sabiduría de quien ya sabe de muchas certezas de la vida y no está dispuesto a dejarse engañar o violar bajo promesas… Pero aún así ladras y mueves el rabo buscando lo esencial, porque sabes qué pocos oídos hay aún dispuestos para romper con las mentiras del mundo.
Ya te digo, pues, un acierto este conjunto de poemas donde, con maestría de la buena, has sabido tocar con dulzura la cabeza del monstruo, a vencer los matices de este mundo, esta conspiración de silencio que incluyó hace tiempo a los poetas y que ya celebré en su día al verlos tan exactamente retratados en tu “Un adosado en el Parnaso” que aquí has tenido la delicadeza de dedicarme; ojalá volvamos a despertar con este zarandeo que tan juiciosamente nos dedicas, ojalá Moguer nos congregue finalmente para que allí, volando sobre las ruinas de la plusvalía y la libertad, puedas volver a dar algunos suaves tirones de orejas, con guitarra incluida.
¡Joder!, me ha gustado tanto que muchos de sus poemas me hubiera gustado haberlos escrito yo, ahí están ese “Juan sin Tierra”, “Es la hora de los mejillones cebra”, “Sermón del World Trade Center”, “Porque desde aquel día…”, “Qué habéis venido a ver al desierto” o el hachazo final de “Secreto del Arco Iris”, en fin, hermano, que mil gracias por este regalo que llega además el día de mi cumpleaños, créeme que en él tu voz ha abierto mi corazón al misterio de tu voz. Espero verte pronto, Ángel, querido, muchos besos y mucho ánimo, tuyo,”

Antonio Orihuela

Tarjeta postal de Luis Eduardo Aute sobre “Demolición del Arco Iris”

“Grande, grande Ángel. Acabo de leer tu “Demolición” y demolido de densa poética me hallo. Estás que te sales de genial. “…cuando beso a una mujer pienso en Eva y en los bombones Mon Cherie“, entre cienes y cienes de otros versos, es perfecto.. Te podría citar un montón, pero no caben tus versos en esta tarjeta. De verdad, Angelito, gran libro.

Estás más en forma que nunca. Te anuncio: está asomando por ahí, descaradamente, un narrador oculto. Te va a estallar, seguro, dentro de ná, novelón cortazariano. Rayuela, o algo similar, está pidiendo paso en tus profanas escrituras. Enhorabuena, cabrón,
Besos
Luis Eduardo Aute

Un poema de Fernando Sarría

Fernando Sarría me envía este poema que ha nacido después de leer mi poema “Un adosado en el Parnaso” de “Demolición del Arco Iris”. Y aquí queda como testimonio hermoso de las muchas voces y ecos que hay en nosotros. Y enhorabuena por la próxima publicación de tu libro en Eclipsados.

Habito la línea discontinua de un desierto,
recojo la pausa del deshielo,
el quebrado río subterráneo.
En el afán del mar siento mi secuestro
y entregado en el bosque amo el silencio
o el azar del canto de un solitario pájaro.
Será verdad que todo lo que escribo habla de mí,
del acaso fugaz de mi mirada
o del encuentro de dos pieles en la noche.
Será verdad que muero día a día
y soy capaz, no sé si por ser poeta,
de resucitar en la alborada
sintiendo entre mis labios,
el gusto demoledor de la tristeza.
Puede Ángel que tengas razón,
y nos debamos al norte y a las calles,
a encender el fuego del sarmiento,
a hacer con las pavesas teas
que alumbren corazones solitarios
y den respiración a tanto muerto…
puede Ángel que tengas razón.

Fernando Sarría

El día de regalo en Barcelona

Montse, que me sorprendió por venir desde Tarragona para escucharme y por su belleza, ha escrito una crónica personal en su blog de lo que fue el acto de presentación el viernes pasado que yo no puedo mejorar. Bueno, que me gustaría ser un genio…pero de la lámpara para concederle tres deseos a todo aquel que lo mereciese y uno, de paso, para mí que zanjaría “pequeños problemas” de hambre, sed, explotación, atropello a los derechos humanos y el medio ambiente que tiene el mundo: acabar con el egoísmo y la mezquindad del corazón humano.

Sólo añadir algunas fotos que me envía Lada (un beso cariño, siento mucho lo de la otra Montse -tu mejor compañera de trabajo- que fue arrollada en su moto por el coche de un borrachuzo sin nombre y falleció el sábado) e intentar olvidarme de la ida y la vuelta. Una hora y pico en un taxi metido en un atasco en la M-40 camino de Barajas haciendo nervios; mi vuelo salía a las 10, 30 de la T3 y llegué al mostrador de Spanair a las 10,15 y no sé si puse ojitos de George Cloony o la chica me creyó, cuando el vuelo ya estaba cerrado, pero por un minuto cogí el avion.  Y la vuelta: casi cuatro horas en el Prat, dos vuelos cancelados de Vueling, tres veces pasando por los controles y detectores de metales quitándome el cinturón, el reloj, el bypass del corazón y la dignidad humana. Cada vez que cruzo un control de estos me acuerdo de la puta madre de Osama y George Bush (que son lo mismo y el mismo). Con resaca: un infierno.

Y por lo demás se vendieron todos los ejemplares de “Demolición” que había en la Fnac (treinta y tantos) y una de las encargadas me dio la enhorabuena porque “hacía tiempo que un poeta no vendía tantos libros en una presentación.” 

Barcelona como siempre -y esta vez sólo vi el mar desde el avión- estaba preciosa, su luz, sus plazuelas bajo el sol, su ambiente cosmopolita y abierto…Quizás volvamos a principios de mayo para adelantar algunas de las canciones del disco nuevo en la Plaza del Rey, dentro del Barcelona Poesía. Eso, si lo hemos acabado para esas fechas porque la del 17 de abril en Caspe ha habido que cancelarla. Estaré todavía metido en el estudio de grabación.  

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Vino mucha y buena parroquia: los amigos del Centro Aragonés (Cruz Barrio,Lulú, Kike, Silvia, Alberto…), Agustín Calvo de Las afinidades electivas, cómplices de este blog que dejan una nota de vez en cuando como Txema Seglers, Gisela, Pedro José Labrador, Lourdes Barbal acompañados de sus amigos. Y recuerdo a Merche, que al firmarle el libro me dijo que no me conocía de nada, andaba por la Fnac de compras y  se quedó “atrapada” al escucharme. Eso es un flechazo literario.

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Con Jordi Turtós y David Castillo en la presentación. Creo que fue David el que me definió como un anarquista catalán…

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No me importa leer en los hipermercados ni en ninguna parte. La belleza, como el amor, se encuentra donde menos te lo imaginas: en las salas de espera, en las urgencias, en los cajeros automáticos, en los contenedores. Sólo se necesita un corazón dispuesto a escuchar… 

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Entre Lada y Javier García, mi mánager, recién regresado de Venezuela de acompañar a  Facto de la Fé y las flores azules, el grupo que suena en el anuncio Ya es primavera en…

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Esther, en la Plaza del Tripi.

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En Barcelona cierran tan pronto los bares que acabamos siempre callejeando buscando la última luz y comprando a euro la lata de cerveza a los pakis. Pero esta vez encontramos un antro por las Ramblas y nos dieron las ¿cinco?… Jaime, que vivió en Cella de Albarracín de niño, se subió a una escalera y Lada disparó…