Sobre el último Ángel Petisme.Luis Antonio de Villena

SOBRE EL ÚLTIMO ÁNGEL PETISME

“El dinero es un perro que no pide caricias” (Ed. Gobierno de Aragón, 2016)

Hace bastantes años situé la poesía del aragonés Petisme en una corriente que nunca se ha definido del todo, “la sensibilidad del rock”. Pero no me equivocaba, porque –entre otras cosas- “rock” no puede ser sino estética y rebeldía. Actitudes que no tienen por qué ir separadas y que no lo han ido en nuestro poeta y cantautor (primero poeta) pese a que acaso, en los últimos años, y por mor de tiempos muy malos, Petisme se haya señalado algo más en la rebeldía. Su último libro de poemas, por ahora, “El dinero es un perro que no pide caricias” (Premio Miguel Labordeta 2015) salió a fines del año pasado, digamos que fina pero algo marginalmente editado por el Gobierno de Aragón. Compuesto de cuatro poemas largos, de tema diferente pero unísona voz, entiendo que es una de las mejores cosas que Petisme ha escrito hasta ahora mismo. Estética y rebeldía se estrechan fuertemente las manos, y además se hace un repaso a la vida del “rock” en vivo. Poemas como “Decadencia” –cuyo tema es las ciudades, pero en especial Venecia y sus laberintos- o “Revolución”, que no habla de vanas nostalgias bolcheviques, sino de los caminos nuevos y los cambios que hay que ejercer ya, darán cumplida fe de lo que digo, como otro texto, “Dinero y poesía” (una aparente paradoja) o el verso que titula el libro, sacado de un filme de Costa-Gavras, señas de un poeta en madurez de destino y discordia. El libro merece más de lo que –temo- tendrá, pero bástele a Ángel el sabor y la palmada por la obra bien hecha, y el hondo respirar del caminante acertado. Como dice el citado Joseph Brodsky: “Letum non omnia finit”. Tampoco podemos dejar de citar al citado Voltaire: “Si alguna vez ve saltar por la ventana a un banquero suizo, salte detrás”. Felicidades, querido Ángel. Y no, que no decaiga… Abrazo

LUIS ANTONIO DE VILLENA

Enero, 2017.

Reseña de”El dinero es un perro que no pide caricicias” por José Luis Morante

Poeta y cantautor, Ángel Petisme hace de la palabra voz en vela, denuncia y compromiso. En “El dinero es un perro que no pide caricicias” sobrevive un rumor de utopía, un tiempo de acampadas en la Puerta del Sol… Otra vez el deseo de cambiar la vida, transformar el mundo.
https://puentesdepapel56.blogspot.com.es/2016/12/angel-petisme-el-dinero-es-un-perro-que.html?m=1

Dos fragmentos de “El dinero es un perro que no pide caricias”

Dos fragmentos de “Dinero y poesía”, uno de los poemas de “El dinero es un perro que no pide caricias”.Para los amigos que me habéis preguntado cómo conseguirlo.Fácil.Vas a tu librería habitual, les dices título, autor y que lo distribuye Ícaro de Zaragoza y a los dos días lo tienes ahí a 9,50 €. Además ya está en librerías de Aragón, Rioja, Cantabria, Soria, Navarra y País Vasco.

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CON AUTE, EL PRIMER HOMBRE, RUMBO A ÁFRICA

El jueves, después de dos semanas sin verte, pasamos juntos un par de horas deliciosas. Coincidí con nuestra amiga Cristina González Narea. Te abrí el regalo que te llevaba: una libreta de color caramelo, con un poema manuscrito dedicado para ti, y un tubo de lápices con colas de diamante de colores. Te lo acercabas a la boca como si fuese un micro. Qué gracioso y qué guapo estabas. -Esto para que escribas los poemigas del Animal regresado -, te insinué.

Cuando te traían la cena, y ya nos levantamos para dejarte tranquilo, me pediste que volviese después para leerte el poema. Bajé a la calle media hora para tomar una cerveza y liarme un cigarrillo. Le dije a tu “corista” chilena: Sabía que no se nos iba, tenía tanta fe y tanto amor en la patata para darle, como todos los amigos que me escribían o llamaban preguntando por él, o dejaban mensajes en este muro de caras… Sabía que si le invocábamos con fuerza renacería y volví a rezar como un niño a todas horas, recordando su luz, su grandeza y todo lo que nos dio.

Subí de nuevo a tu habitación. Después de leerte el poema me apretaste la mano y me pediste más. Y entonces, Eduardo, ya me desarmaste y azorado busqué en mis correos del móvil versos de “Chinita o la belleza del error”, un librito casi acabado de este verano. Siempre vas dos libros míos por delante de los demás. Ya cuando te vi bostezar,jajaja, con el aprendiz de poeta baturro, te puse chistes de Chiquito de la Calzada.

Y vino lo mejor: Lloramos de risa literalmente quince o veinte minutos. Yo miraba incrédulo y sorprendido al amigo y hermano mayor que –recién llegado a Madrid- conocí hace más de treinta años. Un torbellino de emociones lloraba de alegría en mi interior. Hace apenas dos meses muchos ya te daban por muerto.

Te sentí más humano, cariñoso, sincero y curioso que nunca, frágil y sabio, atento a quien llamaba a la puerta, coqueto, bromeamos con las enfermeras guapas. Sin miedo a la muerte, libre de compromisos y piedras de Sísifo, sin sonreír a quien no te apetece. Agradecido contra el orden mortal del mundo por esta prórroga que los dioses te han concedido y el regalo de una segunda vida. -Quedan muchas cosas por hacer y decir-, susurraste.

Tus chicas te besaban y decían: Somos tus garrapatas. Y yo también celebraba tu piel y te comía a besos en esa habitación, de tu alma con ventanales, donde se respiraba esa energía para construir las nuevas ilusiones y la conquista del espacio y el tiempo para el amor en su prórroga. Otra vez vivir y descubrir el mundo. Recordar significa pasar dos veces por el corazón. Y en ese momento recordé a Albert Camus: “Hay seres que justifican el mundo, que te ayudan a vivir con su sola presencia”.

Rompo este voto de silencio, y penitencia de desconexión de redes, para cumplir con un recado que me hizo el Jefe cuando me despedía: Dales besos a todos y diles que les quiero.

Me bajo al Sahel lleno de ternura y amor con “El primer hombre” de Camus y la alegría de saberte vivo, Eduardo, “queriendo ir más lejos, más allá, y saber, saber antes de morir, saber por fin para ser, una sola vez, un solo segundo, pero para siempre”.

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