HOMENAJE A LOU REED: MAGIA Y PÉRDIDA

En tardes como ésta uno entiende por qué viste de negro casi siempre. Lou Reed se nos ha ido joven. 71 años. (¿Habrá que hacerse a la idea de reducir nuestra esperanza de vida con una ministra que se llama Mato?).
El tío Lou ha sido siempre una presencia familiar en mi vida y uno de mis grandes poetas de rock desde que salí del seminario y me hice punk. Lo sigo siendo para muchas cosas, aunque sea padre y crea en el futuro. Una vez coincidí con él en un ascensor y me cagué vivo, como cuando me toca salir a un escenario. Otra vez me encontré a Laurie Anderson en un bar de Atocha comiendo sola y le pedí un autógrafo. Años después ambos se enamorarían.

He escrito muchos poemas con su voz de fondo en casetes, vinilos y cedeses ,(“Berlin”, “New York”, Rock and roll Animal”, “The Raven”). Cientos de veces habré escuchado esa sinfonía dolorosa y fúnebre que es “Magic and Loss”.
El diccionario del amor se llenó de nuevos términos y metáforas por culpa de Lou. Sus canciones están llenas de maravillosas y devastadoras odiseas emocionales , el amor nihilista, el masoca, el trágico y urbano. Las relaciones de pareja turbulentas, los sentimientos degradados. La mujer cruel y autodestructiva: “Caroline says” . La gloria y el júbilo del amor: “Coney Island Baby”. El humor, el flechazo , la cotidianeidad: “Love Is Here To Stay”. Lou Reed destila sosa cáustica, incendios de ironía, distancia y amor : “So alone”: “Dijiste que te gustaba por mi inteligencia, bueno, la verdad, es que yo adoro tu trasero”.

En un libro y un disco mío de 1990 “Habitación salvaje” le hacía un guiño en la canción “En los brazos de los bares” :

Como un paisaje en la tormenta,
como un acorde de Lou Reed,
como un diamante en la cerveza soy.
¡Sólo y así quiero mi fin!

En otro librito aún inédito de 2012 “El dinero es un perro que no pide de caricias”, donde pergeño mi pequeña historia sentimental del rock, más homenajes:

El señor de la lluvia de Coney Island
puso a Warhol en tu camino, él te presentó a Nico,
la Venus de las Pieles, y al resto de la Velvet,
y golpeaste la oscuridad con su látigo
mientras el calor blanco quemaba tu cerebro
aquí está, aquí esta, huyo de todo el mundo, hazlo más alto.

Buscabas sensaciones nuevas
y apareció Lou Reed
con su rostro simiesco y maquinal,
te echaste a las calles
sin miedo, sin culpa,
te gustaba la comida china,
y paseaste por el lado salvaje de los deseos,
por Berlín y sus lunas vacías
a cámara lenta
con la intensidad de una máscara azul,
ant the coloured girl say, doo doo doo doo doo .

Mordiste tanto mis labios
en el desfile de Halloween
buscando a la dulce Jane
que se prendió fuego mi corazón…

Y tiene razón Santi Comet cuando me dice que “Recuerda para mí”, una canción del disco nuevo que estamos grabando, le lleva al mundo de “Ecstasy”.

Es tiempo de gozar y morir con Lou Reed paladeando cada una de sus canciones. Son el fuego de la vida. Y también de descubrir a uno de sus grandes maestros, el poeta Delmore Schwartz, de quien recibió clases en la Universidad de Syracuse. Delmore escribió un libro fascinante: “En los sueños empiezan las responsabilidades” publicado en Alpha Decay en 2010.
Pobre Laurie Anderson, ahora te daría un abrazo de cinco minutos de eternidad, los que damos para que nuestros corazones se besen. Igual que a todos los que amamos a Lou y le lloramos.

 

 

 

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