Un poema de “La noche 351” en el décimo aniversario de la invasión y ocupación de Iraq

SI UN LEÓN TE ENSEÑA LOS DIENTES, NO SUPONGAS QUE TE ESTÁ SONRIENDO

Mirad, es imposible cambiarnos con el cañón de un tanque.
No podréis acallar los ojos de Aqila,
las tristes canciones
de las madres, las hijas, las abuelas de Iraq
cuando preparaban faláfel, verduras, taqleya,
y limpiaban la casa de la luz
esperando el regreso de sus hijos, sus maridos, sus padres.
¿Dónde están las plantas de electricidad,
las escuelas, los suministros de comida,
el agua de la reconstrucción?
Nos das la mano y nos apuñalas por la espalda,
ese es tu juego, América.
¿Cúal es tu convención de Ginebra,
el nivel convenido de alcohol
que apuran tus soldados en el turno de noche?
¿Qué gritos, qué silencios atroces
queréis dormir con los silenciadores?

En el nombre de Alá, el misericordioso,
ven por tus muertos, América.
Llévate el petróleo, el cielo de Bagdad,
la mejilla del mundo,
enrolla el cielo con semillas de sésamo,
cárgalo en tus camiones
y déjanos en paz.
Has sembrado mis calles de diablos mudos,
la lengua llena de anfetaminas.

Te daré en una bandeja de plata
la cabeza de Hulagu, nieto de Gengis Khan.
Te maldeciré hasta que tiemble tu mesa
y la leche del desayuno de tus hijos se derrame
y el trueno de tus montañas te hinque de rodillas,
por todos los hijos que tú me robaste,
porque mataste a mis hermanos y mi padre,
porque humillaste a mi madre, América.
Me violaste en Ramadi en 2003,
me violaste en Baquba, me violaste en Kirkuk en 2004,
me violaste en Samarra en 2006.
Te cruzaste de brazos y dejaste a tus íncubos
que hiciesen de mi pueblo un hospital siquiátrico.

¿Cuándo aprenderás el nombre de tus padres,
las palabras de tus santos padres de la patria, América?:
Se puede engañar a algunos todo el tiempo
y a todos algún tiempo,
pero no se puede engañar a todos todo el tiempo.

Llévate tus Humvees, tus M1 Abrams, tus Cobra
rugiendo de madrugada en las azoteas,
y el miedo de los jazmines que amanecen,
tus satélites, tus zepelines blancos sobre nuestras ciudades.
Llévate el uranio y el napalm,
los rostros que despiertan sin ángel de la guarda,
las tormentas de fósforo,
el diluvio de balas sin fin ni dirección.

Haznos un trocito de película
proyectado en tu oscuridad
y di: Parece que disparasen ángeles.
Llévate tus lecciones de democracia,
tu guerra de los tres billones de dólares
y déjanos en paz .
Yo me quedo con mis hijos deformes
enfermos de leucemia, el agua contaminada,
tomates y berenjenas radiactivos
cuatro millones y medio de años.
Deja de mascar chicle, América,
no durarás un verano más sin sombra.
Si permaneces viva después de todo esto,
verás, dice el Corán
pero tu piel se desmorona
y tu capitalismo es el cáncer de mi pobre planeta
y necesitas el mensaje en el valle de Elah.
Recoge pues de la arena tus semillas,
regresa a tu tiniebla y tu doble rasero,
llévate el oro que brota bajo tu lepra,
llévate los puentes cortados del mediodía,
los pensamientos de la mala sangre,
todo, llévatelo, y déjanos en paz.

Espíritus de la noche,
jazmines, buganvillas volverán a brotar
en los viejos jardines colgantes de Babilonia.
Cerezas rojas en el silencio de los patios de Iraq.

*Si un león te enseña los dientes no supongas que te está sonriendo es un verso de Al Mutanabbi. La frase Se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo la pronunció Abraham Lincoln.

De “La noche 351” (Ediciones Hiperión,2011)

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