LA ROSA DE LABORDETA

LA ROSA DE LABORDETA

Nunca habíamos llorado el uno frente al otro, Abuelo. Pero esta tarde me he roto varias veces. En la barra de un bar de Atocha, junto a la estación del AVE, -como un frasco  de cuatro ríos amarillos y rojos de lágrimas- frente a una hamburguesa con queso y un camarero marroquí. (El hombre habrá pensado: ¿tan mala está la carne que le hemos dado?). En un rincón de tu capilla ardiente, donde no enfocaban las cámaras de televisión…, dios, cómo necesitaba tu voz susurrándome “¡que no, Petisme, que sólo es una cámara oculta y un eskeche de Oregón Televisión como cuando nos secuestró el Comando Almogávar!”.

En la puerta del Palacio de la Aljafería, mientras 30.000 personas cantábamos “Adios a los que se quedan…”. ¿Quién no se ha quebrado de norte a sur de su pellejo en ese instante?

Poco después cuando regresamos a tu capilla ardiente, ya cerrada al público, Juana, tu mujer, y Josefina de Chunta me han regalado para mi hija esta rosa, de los cientos de flores que reposaban a los pies de tu ataúd. Aún sigue en pie después de doce meses  en la habitación de A. Sus pétalos ya de color cariñena, sus hojas lánguidas como un “verano ido”.

Carmen (París) y yo en el último Ave. Ella cumplió ayer 44, cuando tu vela se apagó. Por casualidad nos habían dado el mismo vagón y asientos contiguos. Hablamos de lo bonita que ha sido la tarde junto a ti, lo afortunados que nos sentimos por haberte conocido y disfrutado. Lo alto que nos has puesto el listón para intentar ser más sencillos, sinceros, honestos. Para ser mejores aragoneses, es decir más independientes, universales y generosos. Ahí es nada. Y ya sabemos que hagamos lo que hagamos nunca te llegaremos a un palmo de la gayata, cuando llevabas el país en la mochila, ni a un centímetro de tu tacataca cuando la bestia te mordía.

Tus amigos nos sentimos inmensos por haber tenido al lado a un elegido de la historia,  elegido para ser un mito. Y no exagero. Hora a hora, día a día desde tu último suspiro, íbamos viendo cómo tu figura iba creciendo empujada por una marea de cariño y el respeto de los aragoneses que espontáneamente se echaban a la calle para cantar en las plazas o hacer colas de tres kilómetros frente a la Aljafería en tu velatorio. Gentes anónimas de mil credos y siglas, unos se santiguaban con la izquierda, otros levantaban el puño, ancianos y niños, punkis y jevis, un arzobispo,…Abuelo, si un minusválido se llega a incorporar de su silla de ruedas en tu capilla ardiente hubiésemos tenido un marrón del 15 con el arzobispo ahí presente. Aunque creo que has obrado un milagro mayor en todos nosotros: devolvernos un atisbo de fe en el ser humano, saber que no todo está perdido, desempolvar banderas rotas e intentar ser, en el sentido labordetiano de la palabra, mujeres y hombres, buenos e íntegros. ¡Viva Labordeta! ¡Viva Aragón!

Ángel Petisme

A la intemperie y huérfano.Artículo en El Periódico de Aragón el 20 de septiembre de 2010

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4 thoughts on “LA ROSA DE LABORDETA

  1. Ostras si es verdad! Me han dado ganas de llorar, y he llorado escribiendo este comentario. Vamos, lloro ahora, aunque menos que al escuchar la noticia de que Labordeta nos dejó huérfanos (y no sólo a los aragoneses).
    Un abrazo!

  2. Gracias Ángel por compartir también hoy tus recuerdos y emociones…
    Yo, desde as nuestras montañas, mirando ta ra punta Collarada, comparto as mias glarimetas.
    Salú2
    Natalia

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