Presentación en Bilbao 25 marzo 2011


(fotos: Katy Parra)

TEXTO DE PRESENTACIÓN DE AITZOL SAN SEBASTIAN

A Angel le conocí por el flanco sonoro allá por el 92 o 93 del pasado siglo. Euskadi apareció en su GPS promocional y como buen “Turista en el paraíso”, este era el título del álbum a promocionar, atendió en persona mi petición de entrevista radiofónica. Se presentó con el corazón en una mano y el disco a promocionar -claro- en la otra. Se presentó, decía, en Getxo Irratia (cuando lo habitual para las emisoras locales no enclavadas en este Bilbao-Bilbao era y sigue siendo al revés, esto es, es la radio la que se trasladaba en busca del entrevistado). Y ese gesto ya me dio una buena pista de la catadura personal de Angel.

La entrevista la paseamos por las ondas hertzianas de la frecuencia modulada pero derivó en charla infinita. Tanto que no recuerdo su final. Fue a lo largo del fluido diálogo cuando me descubrió su faceta poética y la conexión fue inmediata. No recuerdo cómo terminó el asunto. Nos recuerdo, eso si, llave en mano, cerrando la emisora en estéreo.

A partir de ahí me hice con un ejemplar de El océano de las escrituras por 700 pesetas de las de entonces y unos cuantos más de Amor y Cartografía. Uno para mí y el resto para expandir su poesía entre amistades porque los amigos (yo ya lo consideraba para entonces) están para eso. Para apoyar y compartir lo que consideran justo y necesario (aunque ésta es una opinión muy personal que nos acerca demasiado a un debate tan contemporáneo como el de las descargas, las propiedades intelectualoides, las leyes tardías pretendidamente justicieras y nada educativas, etc. etc. etc).

Desde entonces, si la memoria no me falla y seguro que lo hace, todo han sido Peti-encuentros. Ni un sólo desencuentro.

Recuerdo las “I jornadas sobre la música como expresión cultural, artística y social” acercando su música a la Universidad de Deusto (febrero del 94); La actuación enmarcada en el I Festival Afro-vasco (allá por mayo del mismo año) bajo el epígrafe de Petisme, El poeta de las tribus”, en el vetusto Pabellón de La Casilla; alguna que otra devolución de visita para comprobar su extrema amabilidad en el papel de anfitrión; alguna que otra gaupasa inolvidable por Neurigane en compañía de algunos de los aquí presentes, tras un concierto a orillas del Cantábrico; alguna visita promocional tanto disquera como literaria más; y los necesarios alejamientos que tampoco han faltado. Episodios todos que seguro, cada uno habrá guardado a su manera pero, así es como los recuerdo yo.

Y durante estos 20 años, que, al contrario de lo que decía la canción, han sido mucho, mi disco-biblioteca ha seguido engordando en número, con volúmenes regalados cuando el patrocinio así lo permitía y apoquinando por la causa hasta llegar hasta aquí. Cuando Angel no sé si cierra un círculo o no, pero nos sorprende a todos con lo que parece una auténtica bilbaínada: publicar un libro-disco.

Digo bilbaínada porque lo hace cuando las voces más poderosas nos repiten por activa y por pasiva en tono lastimero que no se venden discos ni se leen libros. Ja, ja, ja.  Están en su derecho de vociferar intentando que nos lo creamos: no en vano, ellos son los que llevan bastantes más de 20 años jugando a banqueros culturales. Y aquí repito la coletilla anterior: ésta es una opinión muy personal que nos acerca demasiado a un debate tan contemporáneo como el de las descargas, las propiedades intelectualoides, las leyes tardías pretendidamente justicieras y nada educativas, etc. etc. etc).

Lo dicho. 20 años después, Angel reedita El océano de las escrituras, que vio la luz originalmente en 1989 de la mano de Ediciones Libertarias y que se encontraba descatalogado. Lo ha revisado. Lo ha corregido y además ha añadido 15 poemas inéditos bajo el título: De vuelta al mar. Un título acertado en esta nueva visita a Euskal Herria y que me recuerda otra anécdota.

En una de las visitas que antes comentaba, íbamos de camino al domicilio de un amigo común en Sopelana cuando a la altura de Berango me comentó al oído con ojos tan brillantes como exultantes. “Hum, cómo huele a mar”. ¡¡Me lo dijo a la altura de Berango!! Sólo pude contestarle: buen olfato, amigo.

Y de regreso al flanco sonoro, Angel añade Under wood songs, 15 canciones inéditas de 1987 a 1989 y 5 poemas que grabó con una de sus muchas bandas antes de la salida de su primer disco en solitario. Aquí sí que se huele el sonido de una época: la de los años ochenta.

Desde luego, yo no esperaría otros 20 años para hacerme con un ejemplar de este libro-disco firmado por un tipo genial en lo artístico e insuperable en lo personal. Y que, por cierto, en cada cena casera regresa a mi cabeza. Los que tengáis esos locos bajitos, que les llamó Serrat, corriendo por casa lo entenderéis mejor. Llega la hora del postre y las peticiones: ¡yo un Peti, yo un Peti!  Y Angel me viene a la cabeza. Inevitable.

Como no iba a atreverme a leer un sólo poema tuyo, ahora ya Petis para todos, quiero que me permitas hacer pública la dedicatoria que estampaste en mi libro de firmas allá por 1996 en Santander:

“Para Aitzol San Sebastián,
colega auténtico en la música y en la pasión.
Que los dioses vagabundos de la vida
sigan soplándonos a la oreja los versos del capitán.
Que los días sean prósperos y el gozo más sincero si cabe.
Un abrazo amigo”.  (Santander, 6/febrero/1996)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s