LIFTING

Radio 3 y el programa “La estación azul”, que se emite los lunes a las ocho o las nueve de la noche y los sábados a medianoche, nos ha invitado esta mañana a una serie de poetas a leer nuestras cosas en la Residencia de Estudiantes, en un programa especial y en directo para celebrar un año de andadura de “La estación azul”.
A mí estas cosas me dan repelús. Escuchar a más de tres poetas seguidos con sus voces monótonas y nerudianas me pone la almorrana del tamaño de un huevo de avestruz. Pero el trance ha sido más que llevadero, supongo que porque había excelentes poetas y todos hemos optado por la brevedad.
Hay algo en los poetas, de puritito inofensivos que somos, que me produce ternura. También una inmensa rabia por no desarrollar mejor las artes de la seducción, del marketing ring ring y estar tan alejados de los lectores. No soy un buen ejemplo. La letra con música entra y somos unos cuantos, desde los tiempos de la juglaresca, los que nos hemos colgado al hombro una guitarra eléctrica. Pero eso es jugar con ventaja. No todos los poetas han sido agraciados con el don del solfeo y, es evidente, que no todos los músicos son capaces de escribir dos versos con sentido.
Aunque supongo que esta desidia y sensación de patitos feos de los poetas, es más culpa de los medios que otra cosa.
En cualquier caso, que sirva este comentario para insistir que la poesía no sólo está en los libros, que corre y fluye por todos los tejidos de la realidad, que se desparrama por supermercados y hospitales, por pasos de cebra, salas de espera y cajeros automáticos. Que la poesía es mirar el mundo con otros ojos. Que es una buena prótesis para el sexo, para el humor, para lavarse los dientes del alma cada mañana.
Háganme el favor de buscarla hasta en las pelotillas de la nariz. Desde el momento aciago del despertador hasta la paja de antes de soñar.
Y si cae un libro en sus manos, lo mismo da que sea de Bukowsky o de Pemán, de Paul Celan o Campoamor…, no se me asusten porque no estén en prosa y hay blancos y aire en sus páginas. El deber de la poesía no es rellenar a toda costa un folio. Más bien envasar al vacío la emoción de un instante, las palabras que no pueden ser dichas. Léanlas aunque no entiendan nada. Yo tampoco entiendo nada de lo que me rodea y sin embargo vivo.
Leer poesía embalsama el estrés. Que se lo digan al bigote de Aznar que lee a García Montero.
Pronúncienla en alto como un mantra tibetano o un ritual fogón. ¿Para qué contar ovejitas si tiene poesía en su mesilla?
Sorprenda a sus amigos en una velada inolvidable declamando “La canción del pirata” de Espronceda.
Hay un dicho: Todo se pega menos la belleza. Es mentira.
La poesía estira todos los músculos. Ni hilos de oro ni colágeno ni pollas en vinagreta.
Bradd Pitt y Jenniffer López son dos arpías a su lado.
Lea estos versos y después mírese en el espejo:
Quisiera verte para que fumemos juntos
En la tierra hay hombres como yo
disidentes y distantes dentro de una escafandra
Endimión ha vendado su cabeza de sueño.
(Origen del amor. Carlos Edmundo de Ory)

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